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C U S I

CONTEMPLAR UNA SUPERFICIE INESTABLE
Comisariada por Julián Pacomio e Ignancio de Antonio Antón.
Inéditos 2021. La Casa Encendida. Madrid.
Artistas: Javier Vaquero, Ana Irina Russell, Mar Reykjavik, Twins Experiment, Esperanza Collado, Jaume Ferrete Vázquez, Carmelo Salazar, João Dos Santos Martins, Nibia Pastrana Santiago y Luz Broto.
Escritores: Jaime Conde-Salazar S.U.S, Marc Vives, Paula Pérez-Rodríguez, Caterina Almirall y Elena Castro Córdoba.

Contemplar una superficie inestable es una propuesta donde confluyen prácticas expandidas de la coreografía, la performance, el cine y las artes visuales. También es un horizonte inestable, un flujo de corriente y circulación, donde lo coreográfico aparece en la relación con las piezas y con quien recorra la exposición; lo performativo se sitúa en el párpado, en la inclinación del cuerpo al dirigir la mirada. La exposición pretende ser un paisaje hecho en conversación con artistas nacionales e internacionales que indagan, desde hace años, en la coreografía y la performatividad —en sentido expandido— como parte de su trabajo.

Si no conocemos el nivel de profundidad, cómo será en el de la superficie.

Contemplar, aquí, es acariciar con la mirada, tocar apenas notando la temperatura, la humedad, la textura y la consistencia. Posar los ojos sobre las cosas significa también relacionarse en la distancia con ellas. La intensidad, el tiempo o la velocidad con la que lo hacen les da unas condiciones determinadas para pensar en – y también para pensar con– eso que (se) está mirando. Esta superficie también es un horizonte inestable, un flujo de corriente y circulación, donde lo coreográfico aparece en la relación con las piezas, lo performativo se sitúa en el ojo, en la inclinación del cuerpo al dirigir la mirada

La profundidad de esta superficie está en los párpados y no en su imagen.

La superficie que contemplamos es al mismo tiempo la que conformamos, un mismo territorio, un terreno intermedio entre el cubo blanco y la caja negra – es decir – , una zona gris.

El resultado es una producción incesante de imágenes, no mentales, sino visuales, cerebrales y corporales. 

Contemplar una superficie inestable es una exposición donde confluyen prácticas vinculadas de la coreografía, la performance, el cine y las artes visuales. Explora esta naturaleza desde su forma; busca en los modos de hacer de las prácticas escénicas unas relaciones y confluencias otras en el ámbito de la exposición.

En las últimas décadas el cubo blanco – como institución estético ideológica, y como gran contenedor – se ha interesado en las prácticas performativas, especialmente en la danza. Tanto el arte de acción como la coreografía contemporánea forman parte de los museos, exposiciones y bienales desde la categoría de lo eventual. Han proliferado las exposiciones y la presencia de trabajos de performers y coreógrafos, tanto de manera esporádica a través de actividades singulares de entretenimiento, como propuestas más extensas – pabellones nacionales en bienales, retrospectivas, o piezas de larga duración en el museo –. La coreografía conceptual se apoyó en esta alianza para desbordar los escenarios más convencionales. 

Esta superficie se deja mirar, pero también nos mira.

La capacidad que tiene la performance para relacionarse con sus propios lenguajes y dispositivos y para reivindicar nuevas formas de hacer y mirar al mundo es lo que convoca nuestra conversación en la zona gris. Contemplar una superficie inestable es una exposición que explora su propia convención y performatividad; y, con ella, desarrolla una serie de preguntas sobre la pertinencia de invocar la intersección como una región de bordes borrosos, un equilibrio inestable.

Es aquí, en esta zona gris, donde está el territorio que explora esta exposición, en la potencia coreográfica de las cosas, en la performatividad y en los modos de hacer mundo de las cosas y las relaciones que establecemos con ellas. La zona gris, un degradé particular, nos localiza en un vocabulario concreto que pertenece, pero a la vez no se reconoce, en el cubo blanco.

Todo se quedará en la superficie: lo más profundo, es la piel.

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