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FAKE PILGRIMAGE

-Ha llegado un hombre que se parece a Orestes.
-A Orestes sólo se le parece Orestes.
-Luego, ha llegado Orestes.
ESQUILO: “La Orestíada”
——–
Esto es un proyecto que es un objeto que es un meme que es una performance que es una acción. Fake Pilgrimage es una cinta de correr y es una tarea que sucede en una cinta de correr en una galería de arte en una exposición en un premio de arte joven en la Sala de Arte Joven de la Comunidad de Madrid en Madrid. Cayó la casa, trepó la dama es el nombre de esta exposición. Una exposición en la cual comparto espacio y contexto y seguramente estéticas con otros 9 artistas, que, como yo, son menores de 35 años, y que, como yo, son de o empadronados en la Comunidad de Madrid, y que, como yo, han ganado la convocatoria pública de Circuitos de Artes Plásticas de La Comunidad de Madrid. Artistas de los cuales conozco a algunos y desconozco a otros.  Esto es una exposición comisariada por una comisaria joven de Madrid en la ciudad Madrid. Esto es una exposición sobre los proyectos presentados a una convocatoria y premiados por un comité designado por la secretaría de cultura de la Comunidad de Madrid. Esto es una exposición sobre un contexto del que formo parte y del que me gusta formar parte y del que no me queda más remedio que formar parte. Esto es una pieza, en definitiva, que se recibe dentro del marco de lo que se hace en la ciudad Madrid hoy desde la ciudad de Madrid hoy.
Y eso es. Y esto es.
Y de lejos mi fuerte es el forma, y de lejos mi fuerte es el objeto, y de lejos mi fuerte es la cosa que se expone durante dos o tres meses en una exposición en una galería en un cubo blanco. Una cosa que se visita y se recibe y se experimenta por un público por unos visitantes por un grupo de personas por una persona por algunas personas.
Y es cierto que mi cabeza funciona en otros términos. A SABER EN QUÉ TERMINOS FUNCIONA MI CABEZA. Digo, que si de alguna manera funciona mi cabeza es en un sentido más dramatúrgico, más performativo. Si se quiere, en un modo más narrativo. No por otra cosa que por una cuestión de oficio. De pensar desde las artes vivas, desde la perfomatividad del cuerpo y desde el despliegue que hereda de la danza y de la teatralidad. Por estas razones Fake Pilgrimage se escapa ligeramente de lo que es el objeto de exhibición, pues, Fake Pilgrimage, es,  ante todo, una experiencia. Y es a la hora de pensar en la adaptación de este proyecto al marco de la exposición convencional donde se requiere de otras habilidades y donde me estallan un millar de preguntas. Y este pensar-dramatúrgico implica siempre un pensar en lo que viene antes y en lo que después de las cosas. Pensar en un display más temporal que espacial. ¿Cómo traducir una mirada dramatúrgica o coreográfica a una mirada expositiva? ¿Cómo orientar los acontecimientos que van sucediendo, uno detrás de otro, si el tiempo de la exposición es más estático? ¿Cómo trabajar con los cuerpos,  sus acciones y sus gestos? ¿Cómo pensar la dramaturgia de una pieza en un lugar donde se nos escapa el tiempo y en el que es imposible tener el cuerpo presente siempre? Bueno, ahí está el reto.

OK ¿Y cual es esa pieza?
ESTA PIEZA NACE DE UN DESEO
¿Y de dónde va a nacer si no?
Y ese deseo es el siguiente:
Quiero hacer el Camino de Santiago, quiero hacer el Camino de Santiago durmiendo cada día en mi casa, en mi cama, en Madrid.
Y ESTE DESEO NACE DE UNA IDEA
Fake Pilgrimage no es otra cosa que hacer el Camino de Santiago en alguna de sus rutas históricas en una cinta de correr en una exposición.

Lejos de parecer un arrogante gesto burgués, donde en ocasiones se busca transformar experiencias de realidad en productos enlatados (por ejemplo, pensemos en hacer surf en una piscina de olas, esquí en una pista cubierta artificial, atravesar la selva en un parque de atracciones, etc). Por el contrario, esta experiencia de peregrinación falsa tiene un carácter poético, relacionado con la idea de copia, de apropiación de la fe y de adaptación de una tradición mística a la vulgaridad de la vida cotidiana, al gesto banal y ordinario. Esto es una peregrinación sin fe en sentido estricto, este, es un camino que no pretende ser entendido como experiencia psicológica transformadora, ni como mecanismo de autosuperación y desafío. Es una peregrinación en bucle, una deriva hacia el mismo punto, siempre, la peregrinación como eterno retorno. La repetición, el ciclo y el círculo. Lo mismo que puede parecer una tarea idiota el hecho de simplificar hasta la médula la riqueza de la experiencia original, también podemos comprenderla desde las virtudes de reducir, esta gradilocuencia existencial, a la sencillez de la acción mínima y suficiente.
Aborrecemos el reduccionismo pero abrazamos el reduccionismo pero aborrecemos el reduccionismo pero abrazamos el reduccionismo.
Tanto la pieza Fake Pilgrimage como la actividad What is it like to be a pilgrim? (una actividad paralela a la exposición en la que un grupo de personas realiza una de las etapas del Camino de Santiago saliendo y regresando desde la Sala de Arte Joven). Ambas, son dos ejercicios que trabajan desde las artes vivas y se cuestionan sobre las posibilidades de la representación de lo sucedido, de la traducción de experiencias y de las potencialidades que esto conlleva como acontecimiento único. Convocar aquí y ahora experiencias de lugares ajenos, siempre tiene como consecuencia un evento único, original y diferenciado del anterior. Quiero decir, el hecho de reproducir aquí algo acontecido allá, deviene, inevitablemente, en un hecho inédito. La imposibilidad de ser fiel, de sustituir una experiencia original por otra idéntica, es precisamente su potencia.
Existe un paper titulado “What is like to be a bat?”, publicado por filósofo norteamericano Thomas Nagel en “The Philosophical Review” en 1974, y que, su teoría, así como su memetización, forman parte de las motivaciones de esta pieza. En él, en el paper, Nagel sostiene la teoría de que por el simple estudio y visión del cerebro no se puede adivinar el pensamiento. Una respuesta tajante a las ideas reduccionistas en auge durante los años 70.  A la pregunta ¿A qué se parece ser un murciélago? La respuesta sería, pues a nada sino a ser un murciélago, a ser él mismo. A qué se parece ver el rojo, pues no se parece más que a ver el rojo. Si alguien no ha visto nunca un rojo, porque es ciego de nacimiento, no le puedo decir que es ver el rojo, porque ver el rojo es ver el rojo. Este ejemplo de la filosofía de la mente, nos habla de la imposibilidad de sustituir una experiencia concreta, individual e íntima por otra idéntica, es decir, que una experiencia solo puede ser sustituida por la misma experiencia, No nos queda más remedio que aproximarnos a ella mediante otras estrategias. Todo intento de recrear una experiencia pasada, en el presente, tiene como consecuencia otro nuevo acontecimiento, único y diferente al anterior. Por muy minuciosa que sea la descripción del color rojo jamás será equiparable a la experiencia de ver el rojo. Sin embargo, en esta repetición de lo sucedido, el presente se nos muestra diferente: virtual. Lo virtual aquí remite  al poder interno de la mente, al hecho de crear potencialidades paralelas al evento original. El fake, conlleva de suyo un acto genuino. Transformar un objeto, producto cultural o experiencia en una copia de sí, implica en ocasiones cambios más novedosos u originales que el hecho de la creación del producto original. De nuevo la potencia del objeto falso o fallido tiene de suyo más genialidad que el de origen.
Tampoco pretendo con esta argumentación hacer una apología de la copia y la apropiación como desde la sacralización del pop, la reproducción de productos en serie o de consumo. Sino más bien, aquí pretendo ser partícipe de saborear los matices que se ofrecen al trabajar desde la postproducción de experiencias ajenas, sobre la manipulación de productos producidos por otros, sobre la traducción y adaptación desde formatos aparentemente imposible de equiparar.  
Quizás, hacer el Camino de Santiago solo puede ser sustituido por hacer el Camino de Santiago pero hago el Camino de Santiago sin el Camino de Santiago porque no quiero hacer el Camino de Santiago pero quiero hacer el Camino de Santiago. Con todo, la vida no deja nunca de ser una maldita contradicción.
Esta pieza también es, un ejercicio, una tarea y una acción. Un acto simple de un cuerpo que rutinariamente se desplaza a una sala de exposiciones en pleno invierno. Casi todos los días, algunos días. Entre el 17 de diciembre de 2020 al 18 de febrero de 2021. Un cuerpo que toma el metro desde Legazpi  hasta la Avenida de América para llegar a un interior y ponerse a caminar en un punto fijo. Que se mueve pero que no se desplaza, que no va a ningún lado. Un cuerpo que sobre una máquina de correr camina, sin más, anda, trota y hace una media de 22 kms diarios. Un cuerpo que también se cansa, que se agota y que, por supuesto, se aburre. Un cuerpo común que saluda a los visitantes y que charla con los visitantes sobre la exposición, sobre las piezas, sobre el COVID y sobre un partido de tenis que vieron ayer y sobre las cañas que se van a tomar después. Un cuerpo que no tiene razones existenciales para estar ahí. Un cuerpo sin más, un cuerpo sin fe. Un cuerpo que no pretende llegar a ningún lugar, son objetivo. Un cuerpo cansado del mundo pero que pertenece al mundo y que ama el mundo y que odia el mundo. Un cuerpo de carne ordinaria que solo quiere estar y que solo quiere experimentar. Un cuerpo contemporáneo y vulgar, que no quiere ponerse al límite, que quiere, a toda costa, evitar el límite. Un cuerpo que también, claro está, quiere dormir casa cada día, al que le gusta descansar.

Caminar de Roncesvalles a Santiago sería lo mismo pero no es lo mismo. Cuales son las diferencias relevantes para decirlo, me pregunto. Aunque la situación sea materialmente la misma, aunque sean situaciones del mismo tipo, no es lo mismo, ¿Cuales son los detalles que hacen que las diferencias sean diferencias y las semejanzas sean semejanzas? me digo.

Julián Pacomio. Noviembre de 2020. Lisboa.

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